Bellas, guapos y cornudos. La picaresca italiana de los años 70

Lo mejor del Plan Marshall para los italianos fue ese aire renovador que sopló a fines de los sesenta y que, a lo Marilyn Monroe en La comezón del séptimo año, hizo que las faldas alborotaran la pantalla. Se trata de una picaresca que bajo el rótulo de “comedia erótica italiana” se hizo popular en Francia, España y hasta en el Japón, donde actores insignia como Lando Buzzanca y Laura Antonelli se convirtieron en estrellas nacionales.

El tránsito de país agrícola a pivote industrial trajo consigo un cambio en los modos y costumbres que estuvo azuzado por el juego de poderes entre una burguesía conservadora y una clase obrera cada vez más pragmática. Estamos ante un cine juguetón, de provocaciones, que exponía una sexualidad libre y dispuesta a abrirse paso en los predios de la estricta moral católica. Sus historias son delirantes, bufas, empeñadas en parodiar las asepsias sociales y religiosas. Tal es el caso de Homo eroticusSupermacho, en algunas traducciones-, el éxito de 1971 de Marco Vicario, donde Buzzanca interpreta a Michele, un siciliano que llega a Bérgamo para trabajar en casa de un hombre adinerado cuya esposa se obsesiona con él al enterarse de que tiene triforquismo, es decir, tres testículos que hacen que su miembro viril sea enorme. Memorable la escena en la fábrica de tejidos, donde Carla pone a mil la línea de producción mientras tiene sexo con Michele, ya que por un micrófono se cuelan frases del tipo ¡más rápido! ¡más fuerte! ¡no pares! que son asumidas como órdenes por los operarios que acaban exhaustos y con sobrestock.

Siguiendo la pauta de la comedia fundada por Age & Scarpelli, las historias de este corte reproducen una Italia provinciana pese al aparente desarrollo, donde los pecados de la burguesía se mantienen en secreto mientras exhiben sus mejores modos y afeites, y donde la sátira roza el paroxismo. De esta época se ha dicho que el “aggiornamento” del Concilio Vaticano II de 1965 – que tuvo entre sus ejes la renovación moral de la vida cristiana- operó como una ascesis imprescindible, pero lo cierto es que fue un elemento de contexto más, ya que las historias de este cuño resultan concomitantes con la caótica vida política, la corrupción institucional, la violencia callejera y la lucha armada de grupos extremistas que marcaron la Italia de ese entonces.

Quizá por estar envuelta en los paños de la picaresca, de este cine no se ha ponderado su crítica honesta y brutal. Piénsese, por ejemplo, en otro referente del género como Il merlo maschio –El mirlo macho-, de Pasquale Festa Campanile, 1971. Niccoló Vivaldi –otra vez Buzzanca- es un mediocrísimo violoncelista de la Arena de Verona, ignorado hasta por sus compañeros de orquesta que nunca recuerdan su nombre. Un día descubre que su esposa es una mujer deseada por todos y se valdrá de su belleza para ser alguien y escapar de su frustración. El sexo en estas historias opera siempre como reflejo de los deseos de un país que estaba sufriendo cambios profundos.

Si tiramos del hilo de la madeja, probablemente coincidiremos en que Grazie zia – Maliciosamente tuyo-, de Salvatore Samperi, y Brucia ragazzo, brucia -¡Arde, muchacho!-, de Di Leo, ambas del año 68, son las películas que abren los fuegos del erotismo al presentarlo como algo que existe, que ocurre y forma parte del drama de la vida. Luego, el gran suceso de Pasolini y su Decameron contagiaron a la movida de la mejor tradición licenciosa de Aretino, con ribetes moralizantes que atemperaban su exhibición. Pero en la segunda mitad de los setenta, ya entronizada Laura Antonelli como bomba sexy, carnal y terrena, muy distinta de otras bellezas como la Loren o la Lollobrigida, las historias se tornan más voyeuristas, marcadas por el diálogo picante, las humoradas subidas de tono, las jergas prostibularias y el doble sentido. Piénsese en Il vizio di famiglia –El vicio de familia, de Mariano Laurenti, 1975- que narra la historia de Giacomo, un joven ambicioso y pobretón que se hace pasar por empleado afeminado para satisfacer los deseos de una condesa.

Pese a lo que pueda sugerir este elenco de características, la commediaccia jamás perdió la dignidad ni tocó los fondos de la vulgaridad. Le hubiera resultado imposible, ya que más allá de los desnudos y las ropas ligeras fue en esencia el esfuerzo casi naif de una Italia que pugnaba por superar el provincianismo que siempre criticó. La mejor prueba de ello es que este cine pícaro sucumbió abatido por el ascenso avasallante del porno, cada vez mejor instalado en cines, en cadenas privadas de televisión y en videotape. Muchos de sus actores, actrices y directores supieron también dar la talla en roles y proyectos de carácter, como Lino Banfi, Bombolo y las espléndidas Edwige Fenech, Lili Carati (que junto a Gloria Guida interpretó en el año 78 Avere vent’anni, una película que es casi Thelma & Louise) y la propia Antonelli, que siempre competirá con Rita Hayworth al momento de deshacerse de una prenda femenina.

El canto de cisne ocurrió a inicios de los años ochenta, cuando Tarantini y Laurenti, dos de los más destacados directores ofrecieron La polizziotta della squadra del buoncostume y La ripetente fa l’occhietto al preside, respectivamente, dos películas que compendian los personajes, los escenarios, los códigos lingüísticos, las expectativas de género y los tratamientos estilísticos propios de estas historias. Luego vendría otro tipo de erotismo y sensualidad, difícil de precisar, cercano y distante a la vez de los excesos y las escenas explícitas, una vertiente polémica que tiene como mayor exponente a Tinto Brass, que después de su famoso Calígula de inicios de los ochenta es tenido como machista, sexópata, erotómano y director de culto a la vez. Pero esa es otra historia.

Publicado en Ventana Indiscreta # 10. Revista de cine de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima. Segundo semestre 2013.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s